
Pero vayamos por partes. La difusión de la que goza hoy en día la publicidad no es sino un reflejo de la misma sociedad, que necesita de ellla para perpetuarse y continuar su expansión. En los últimos años, sobre todo con la "liberalización" de internet, hemos asistido a un auge de este mercado (no lo olvidemos, es un NEGOCIO), puesto que la red de redes ha supuesto un campo inmenso sólo comparable al de los aviones portando mensajes en el cielo, eso sí, con un coste económico mucho menor. ¿Qué es lo que ha supuesto esto para el ciudadano de a pie? La cada vez mayor dificultad de escapar a esta vorágine consumista (a no ser que vivas en una montaña aislado siempre la encontrarás, aunque no uses internet, ni veas la tv o escuches la radio existen marquesinas, escaparates, ropa...)
Entremos en el campo de la psicología: ¿Cómo afecta a nuestra consciencia? La respuesta es: de una manera que ni siquiera somos capaces de comprender plenamente.
Es la herramienta más efectiva de las que posee el sistema para transmitirnos sus valores, principalmente el valor esencial: consume o muere. Necesitas esto, necesitas lo otro. El consumismo desaforado del que hacen gala convierte en yonkis del consumo a millones de personas que se sienten frustradas y angustiadas cuando no pueden comprar la última novedad que se anuncia, a bombo y platillo, explícitamente (en los terrenos acotados de la publicidad) e implícitamente (convirtiendo en noticia algo que es, a todas luces, una promoción descarada; véanse las "colas" para comprar cierto teléfono móvil).
De la frustración a la depresión hay un paso, y una persona frustrada y/o deprimida no representa peligro alguno para las bases establecidas, ya que se centrará en cómo puedo comprar tal cosa, en vez de plantearse si de verdad lo necesita (o cuando lo hace es simplemente como consuelo).
Del mismo modo, resulta un mecanismo de censura extraordinario: muchos medios de comunicación dependen de la publicidad para financiarse, si estos informan de algo en contra de los intereses de éstas empresas, rápidamente pierden estos ingresos.
Hemos mencionado el tema de la publicidad subliminal porque existe, aunque de muchas formas.
El modo clásico, popularmente conocido, consiste en introducir texto, fotos o videos de manera muy rápida (no llegando al segundo).
Sin embargo, asistimos a una clásica perversión del lenguaje, ya que TODA publicidad es subliminal (aunque nosotros no queramos nos influye enormemente) en mayor o menor medida. Sin duda estamos ante un mecanismo temible ante el cual sólo podemos combatir con nuestra inteligencia, no dejándonos engañar. Si no es efectiva, no será económicamente viable, y eso es justo lo que persigue el sistema. Démosle donde más le duele. Di NO a la publicidad.